La comunicación no violenta es un proceso comunicativo desarrollado por Marshall Rosenberg que ayuda a las personas a intercambiar la información necesaria para resolver conflictos de un modo tranquilo, empático y eficaz. Se entiende comunicación violenta como aquella en la que nuestro lenguaje, tanto interno como externo, ofende o hiere a los demás o a nosotros mismos. Por tanto, comunicar sin violencia implica no satisfacer nuestras necesidades y deseos a costa los de los demás.

El modelo de la CNV incluye cuatro elementos clave observar sin evaluar ni juzgar, identificar y expresar nuestros sentimientos, responsabilizarnos de nuestras necesidades en relación con esos sentimientos y formular a los demás peticiones conscientes para enriquecer nuestra vida.

El primero de los componentes implica realizar una observación neutra de la realidad, todo lo que vemos, oímos o tocamos, desde un prisma de no juicio. En el momento que añadimos la evaluación se reduce la posibilidad de que nuestro interlocutor entienda lo que pretendemos decir, y en su lugar se aumenta la de que recoja nuestro comentario como una crítica y oponga resistencia. Esto no quiere decir que no se pueda evaluar o juzgar, sino que separemos las observaciones de las evaluaciones, basando estas últimas en observaciones especificas del contexto y periodo en el que se hagan.

Nuestra falta de vocabulario emocional supone la primera gran barrera para el segundo elemento, reconocer los sentimientos. Es muy difícil hacer una diferenciación clara en cuanto a intensidad o el matiz especifico de nuestros sentimientos, porque no es lo mismo estar enfadado que molesto, fastidiado, disgustado, resentido, indignado, furioso o iracundo. La otra barrera es arriesgarse a expresar nuestra propia vulnerabilidad y revelar que somos humanos ante los demás y no perfectas maquinas engrasadas que pretendemos ser.

El tercer elemento comporta un paso más, reconocer el origen de los sentimientos. Nuestros sentimientos son el resultado de de cómo elegimos interpretar lo que dicen o hacen los demás. Aquello que recibimos de los otros puede ser un estimulo, pero no la causa de lo que sentimos. Tenemos que aceptar la responsabilidad de todo lo que hacemos para generar nuestros propios sentimientos. Tenemos cuatro formas de recibir un mensaje negativo: tomarlo de manera personal, interpretando acusaciones y críticas, echar la culpa al interlocutor impulsado por la rabia, reconocer nuestros sentimientos con claridad, o exponer los sentimientos y necesidades de la otra persona que le impulsan a mandar un mensaje negativo.

De esta forma cuando un compañero nos embronca por llegar tarde podemos responder de cuatro posibles maneras: “si, debería dejar de ser un tardón”,  “maldito, siempre va contra mí”, “me hiere que digas eso porque yo procuro estar antes de mi hora todos los días”, o “¿estás nervioso porque hoy es la presentación y necesitas repasar los detalles?”

Solo podremos tener una relación empática con los demás si nos desprendemos de las ideas preconcebidas y prejuicios. Tratar de buscar un sentido intelectual a los sentimientos bloquea la empatía y acaba derivando en tendencia a dar consejos, tranquilizar o explicar nuestra postura en lugar de atender a los sentimientos del otro.

El cuarto componente se refiere a lo que nos gustaría pedir a los demás para mejorar nuestra vida. Expresar nuestras necesidades de una manera adecuada conlleva emplear un lenguaje positivo, evitando las frases ambiguas o confusas y realizando peticiones concretas que los demás puedan realizar. Cuanto más claros nos mostremos ante la otra persona, más posibilidades hay de que nos entiendan y puedan satisfacer nuestras necesidades; por lo que es imprescindible haber pasado por los tres elementos anteriores y saber qué es lo que queremos.

Las formas de de realizar una petición atienden a dos criterios, la manera en la que se expone que puede ser directa o encubierta y si trata o no de forzar la voluntad del otro.

De la combinación de de ambos surgen estas cuatro aproximaciones:

  • Asertiva: Soy claro y no reprimo
  • Agresiva: Soy claro y trato de forzar la voluntad del otro
  • Pasiva: Camuflo lo que quiero y no impongo
  • Pasiva-Agresiva: Oculto mis intenciones y trato de forzar al otro normalmente a través del sarcasmo y la ironía.

La asertividad es la habilidad de ser claros, francos y directos, diciendo lo que se quiere decir, sin herir los sentimientos de los demás mientras que la empatía es la habilidad de experimentar los puntos de vista ajenos sin llegar a pensar de la misma manera que la otra persona. Para que se produzca una comunicación no violenta hay que sumar ambos conceptos estableciendo un diálogo enriquecedor donde la comunicación fluye claramente hacia el objetivo establecido.

Esta información está ampliada en el módulo Los Demás Como Espejo: Comunicación Asertiva de nuestro Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo que en esta edición ha sido impartido por el psicólogo y escritor Xavier Guix.

Por Jorge García

Fuentes:

 

También te puede interesar: Programación Neurolingüística (PNL)

Tags: CNV; Asertividad; Comunicación; InstitutoDesarrollo

Pin It on Pinterest

Share This